NO TODOS LOS QUE CREEN, VIVEN LO QUE DICEN CREER
Por: Juan Manuel – Coach Cristiano de Vida
Hay momentos en los que la verdad no acaricia, sino que sacude.
Y no sacude para herir, sino para despertar.
Este mensaje no es para quienes se conforman con una fe cómoda, ligera o superficial.
Este mensaje es para aquellos que sienten en el corazón que algo no está bien, que algo falta, que Dios está llamando… pero pocos están escuchando.
Porque hay una realidad que duele, pero que debemos enfrentar con valentía:
No todos los que dicen seguir a Cristo, lo siguen realmente.
No todos los que levantan las manos en un templo viven la Palabra que dicen amar.
La pregunta entonces es directa y profunda:
¿Estamos viviendo lo que decimos creer?
Porque creer no es repetir.
Creer es obedecer.
1. Un cristianismo lleno de ruido, pero con poco fruto
Vivimos en una era donde abundan iglesias, templos, reuniones, transmisiones en vivo, discursos de fe, movimientos, líderes y grupos espirituales.
Pareciera que la fe se multiplica por todas partes… pero rara vez se ve traducida en transformación verdadera del corazón.
La Biblia lo advirtió de manera clara: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí" (Mateo 15:8).
Y este es el problema:
Se habla de Cristo, pero se vive sin Cristo.
Se ora en público, pero se guarda resentimiento en secreto.
Se predica amor, pero se practica juicio y orgullo.
Se habla de misericordia, pero se niega perdón.
No fue la falta de templos lo que Jesús vino a corregir.
Fue la falta de coherencia.
La falta de verdad interna.
La falta de corazón.
Porque la verdadera fe no se define por asistir a una iglesia, ni por conocer versículos, ni por repetir declaraciones espirituales.
La verdadera fe se evidencia por la vida.
Por el fruto.
Por la transformación real del carácter.
Jesús mismo dijo que muchos lo llamarían Señor, pero no serían reconocidos por él (Mateo 7:21). No por falta de palabras. Sino por falta de obediencia.
2. La fe que no transforma, solo decora
Si lo que creemos no cambia la forma en que vivimos, entonces no es fe, solo información.
Creer es actuar.
Creer es decidir.
Creer es renunciar.
La obediencia no es una imposición, es una consecuencia.
Quien ama a Cristo, camina como Él caminó (1 Juan 2:6).
Quien sigue a Cristo, guarda sus enseñanzas (Juan 14:23).
Pero hoy vemos algo distinto:
Personas usando la Biblia para justificar su estilo de vida, en lugar de adaptar su estilo de vida a lo que la Biblia enseña.
Se citan versículos aislados para sostener opiniones personales.
Se predican mensajes motivacionales sin confrontación espiritual.
Se construye una fe emocional sin profundidad bíblica.
El resultado es una fe sin raíz.
Una fe que se siente, pero no se vive.
Una fe que se declara, pero no transforma.
Y Cristo no vino a inspirar emociones.
Cristo vino a transformar vidas.
3. Ser creyente no es lo mismo que ser discípulo
Ser creyente es fácil.
Ser discípulo es un compromiso.
El creyente escucha.
El discípulo obedece.
El creyente conoce la Palabra.
El discípulo la practica.
El creyente busca bendición.
El discípulo busca carácter.
El creyente quiere promesas.
El discípulo quiere propósito.
Jesús nunca dijo: “Vengan a sentirme”.
Jesús dijo: “Síganme” (Mateo 16:24).
Y seguir implica esfuerzo, decisión, convicción.
Implica morir al ego, al orgullo, a la comodidad, a la doble vida.
No se puede seguir a Cristo y vivir según las preferencias del corazón sin redención.
No se puede decir “Soy hijo de Dios” y seguir manteniendo resentimientos.
No se puede hablar de amor y practicar competencia espiritual.
No se puede predicar unidad y alimentar divisiones.
Cristo no busca multitudes que lo aplaudan.
Cristo busca discípulos que lo obedezcan.
4. Fe sin coherencia: el engaño más peligroso
El engaño más grande no es el que viene del enemigo.
Es el autoengaño.
Creer que estamos bien cuando no lo estamos.
Pensar que la fe es un título, un cargo, una etiqueta o una apariencia.
Pero la Biblia nos advierte: la fe genuina se reconoce por sus frutos (Mateo 7:17).
No es suficiente decir: “Creo en Dios”.
El enemigo también cree, y tiembla (Santiago 2:19).
La pregunta real es:
¿Creemos lo suficiente como para obedecer?
¿Lo amamos lo suficiente como para rendir lo que nos cuesta?
Porque mientras el corazón esté dividido, la fe no podrá ser plena.
Y un corazón dividido nunca podrá experimentar la plenitud del Reino.
5. Volver a la raíz. Volver a Cristo. Volver a la Palabra.
Dios está llamando.
No a más religión.
No a más discursos.
No a más actividades.
Dios está llamando a volver a la esencia del Evangelio:
Cristo primero.
Cristo centro.
Cristo camino, verdad y vida (Juan 14:6).
Volver a estudiar.
Volver a discernir.
Volver a leer la Palabra en contexto.
Volver a la intimidad.
Volver a la obediencia.
Volver al amor genuino.
Volver al perdón.
Volver al servicio.
Volver a vivir lo que decimos creer.
Este es el verdadero avivamiento.
No luces.
No escenarios.
No emociones.
Sino corazones rendidos.
6. Llamado a despertar
Si estás leyendo esto, no es casualidad.
El Espíritu Santo está llamando.
Está invitando.
Está despertando.
Porque aún hay tiempo.
Porque aún hay gracia.
Porque Dios no te trajo hasta aquí para dejarte donde estás.
Pero la decisión es tuya.
Tú puedes seguir creyendo de labios.
O puedes comenzar a creer con el corazón.
Tú puedes seguir siendo espectador de la fe.
O convertirte en protagonista de tu transformación.
La puerta está abierta.
Cristo está llamando.
LLAMADO A LA ACCIÓN
Si este mensaje habló a tu corazón, quiero invitarte a dar un paso más profundo.
A despertar.
A volver.
A vivir lo que dices creer.
Sígueme para recibir enseñanzas que fortalecen tu fe, tu vida espiritual, tu carácter y tu propósito.
Comparte este mensaje con quienes necesitan volver al corazón del Evangelio.
No guardes lo que puede transformar vidas.
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Juan Manuel
Coach Cristiano de Vida
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